sábado, 27 de agosto de 2016

Un leve deseo,que no se cumple

Hace muchos que no veo ese teatro que siempre, de manera consciente o inconsciente busqué: hecho con herramientas tan puras, tan desnudas, tan elementales y elaboradas. Lo más cercano a mi representación de lo dionisiaco: Actores (porque los componentes de Octante voces contemporáneas, son grandes actores y, aunque no bailen, también grandes bailarines. Sus cuerpos al cantar no dejan de danzar. Eso, supongo, es lo que Nietzsche entendía por danza, cuando decía que cada día que un hombre deja de danzar, es un día perdido. El Octeto goza y nos permite gozar con ellos. Se teoriza tanto sobre organicidad, sobre adaptación, sobre sensorialidad y, tras una larga peregrinación por los espacios teatrales comerciales, alternativos u oficiales, se la encuentra diáfanamente en un Concierto de Música Contemporánea. Como si los extremos estuvieran obligados a tocarse, y a penetrarse. Las bodas de lo arcaico, lo mítico con la música y la teatralidad más radical del siglo XX.
lidia-la escriba   imagen prestada siempre

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