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miércoles, 11 de enero de 2017

Como les guste

Físico y espiritual y, también de la belleza. Él, por un cortísimo tiempo, tuvo a su Diotima, de la que fue separado brutalmente. El precio de tan fugaz epifanía, fue la locura. En un breve poema que titula “La despedida”, Hölderlin imagina una larga separación de la amada que finalmente los hará forasteros uno de otro, incluso prefigura un reencuentro en que el deseo ya se habrá desangrado y entre ellos sucederá apenas una recíproca mirada de amable reconocimiento. El final hipotético es dulce, pero en lo más profundo, triste, y además, permite suponer una secuencia alternativa, en la que Hiperión y Diotima pasarán uno al lado del otro y se mirarán, en efecto, pero sin reconocerse.

Podría inventase una metáfora
¿Con el destello 

de esa luz indecible
que precede un 

segundo al despertar del día?
¿Con la música azul 

de la noche
que provoca el latir 

de los astros?
Pero no
no  sirven de espejo,
tampoco el arco 

perfecto que dibuja el pájaro,
ni la profunda 

pausa del mar
antes de explosionar 

contra el acantilado,
ni la dulce canción 

de la llovizna del verano,
ni la más pura 

idealidad de la belleza.
No le sirven de espejo
los espejos.
Ella es la sola 

imagen de sí misma,
la única palabra 

en la que Ella
se refleja.
Y en mis ojos 

sorprendidos,
de los que no existe 

modo de borrarla
lidia-la escriba      imagen prestada siempre
 

2 comentarios:

CHARO dijo...

Tienes una forma de escribir muy personal.Besicos

lidialaescriba dijo...

pues gracias!
lidia-la escriba